Consultoría filosófica

El objetivo de esta consultoría está encaminado a la orientación y resolución de aquellos aspectos problemáticos del ser humano, que no obedeciendo a una determinada problemática psicológica, requieren del asesoramiento de un profesional de la filosofía. Situaciones complejas como pueden ser: la separación respecto a un ser querido, o las dudas de naturaleza ético-moral generadas por una determinada decisión a adoptar, así como las dificultades que puedan presentarse a la hora de orientar la propia existencia de acuerdo a ciertos valores, son adecuadas para ser resueltas mediante este tipo de consultoría.

Este servicio no pretende en ningún modo suplir la psicoterapia, sino ofrecer al interesado/a la posibilidad de ser asesorado desde el punto de vista filosófico sobre aquellos aspectos de la vida que no tienen cabida dentro del ámbito del tratamiento psicológico.

El propósito de esta consultoría es tratar de ayudar al interesado/a a re-orientar de forma más adecuada su existencia según sus propios valores y modo de ver el mundo, ayudándole a asumir esta aventura que en el fondo es la vida. Para tal fin será necesario definir y establecer un proyecto existencial lo suficientemente ilusionante como para dar sentido a la propia existencia, pues a diferencia de los animales que por el mero hecho de haber nacido ya son, el ser humano necesita construir tanto su ser como su existencia en base a unos valores y modo de ver el mundo transmitido por la tradición en la que le ha tocado vivir. Esta herencia cultural recibida también precisa ser interrogada con la finalidad de abrir nuevas perspectivas a partir de lo ya dado. Se trata de aprender a pensar, a discernir y deliberar todo aquello que habiendo sido aprendido, nunca antes había sido sometido a cuestionamiento alguno, para encaminar la construcción de una existencia más plena y satisfactoria.

Se trata de ayudar al interesado/a a Cuidar de su propio ser en el sentido más profundo del término, no desde la perspectiva del superficial cuidado de la imagen del cuerpo y las apariencias, tan en boga en la sociedad de hoy en día, sino atendiendo a aquello que realmente permite construir una existencia satisfactoria. En los tiempos que vivimos predomina la superficialidad, el argumento fácil, las simples ideas, el radicalismo y la ausencia de formas o valores adecuados para orientarse en la vida. Esta especie de anomia en la cual buena parte de los individuos se encuentran, es una de las principales causas de la desorientación e insatisfacción vital que acaban desencadenando ansiedad, angustia y depresión, llegando en algunos casos al mismo suicidio.

Existen numerosos pseudo-problemas que suelen atormentar al ser humano: el sentido o sinsentido de la vida, el temor a la aparente absurdidad de la enfermedad y el deterioro que conduce a la muerte, o la culpabilidad ligada al deber moral, que deben ser desenmascarados con la finalidad de posibilitar una más adecuada realización del propio ser. En función de cada caso particular, esta consultoría también contempla la posibilidad de utilizar otros recursos de naturaleza estética como pueden ser las obras plásticas, musicales o cinematográficos, como herramientas capaces de contribuir al desarrollo del propio ser.

El tipo de pensamiento filosófico utilizado en esta consultoría es de orden eminentemente práctico, ligado al mundo de la vida y no al mundo de las ideas, planteando los problemas en su dimensión más finita y terrenal en detrimento de las estereotipadas ideas y principios en base a los cuales acostumbran a regirse la mayor parte de los individuos. Se trata de abrir una relación de proximidad con las cosas de la vida de cada persona en particular, favoreciendo el desarrollo de unas fructíferas relaciones íntimas con los seres más queridos. La falta de proximidad existente hoy en día entre las cuestiones que pueda plantearse cualquier persona y el mundo que le rodea, tiende en muchos casos a provocar una considerable desazón, angustia y frustración, constantemente agravada por la alienante presencia de las nuevas tecnologías, que lejos de aminorar el problema tienden a empeorarlo sensiblemente.

El asesoramiento filosófico ofrece una alternativa a numerosos tratamientos psiquiátricos o psicológicos que en muchos casos ponen de manifiesto su insuficiencia para abordar aquellas problemáticas que por ser de índole existencial y no propiamente psicológica, quedan fuera de su radio de acción. Una buena parte de los conflictos originados por el propio proceso vital: rupturas afectivas, pérdida de un ser querido, sensación de vacío, falta de vitalidad, estados depresivos, impulsos suicidas, conflictos ético-morales surgidos a la hora de tomar una decisión difícil y delicada, etc., en muchos casos pueden ser más adecuadamente tratados en la consulta del filósofo que en la del psicólogo o psiquiatra. Por otra parte, en el caso de detectar que el asesorado pueda necesitar un tratamiento de carácter psicológico, será obviamente re-orientado en esta última dirección, dado que este tipo de consultoría no es la más adecuada para ayudar a resolver determinados trastornos psíquicos, que debido a su propia gravedad o complejidad, pueden precisar la ayuda de un profesional de la psicología o la psiquiatría.

Se trata, en última instancia de abrir al asesorado un espacio de inéditas posibilidades para re-encaminar su existencia de acuerdo a determinados valores y forma de ver el mundo, encontrando una respuesta a las contradicciones que presenta la vida, así como a las angustias existenciales derivadas de las circunstancias de cada persona. En la aventura de vivir en la que nos hallamos inmersos, no dejamos de albergar incontables temores, inseguridades, dudas y difíciles conflictos frente a los cuales puede ser de gran ayuda la figura del filósofo consultor. Lo importante es que el asesorado se sienta amparado por alguien que desde sus conocimientos y experiencia sea capaz de re-orientarlo en la dirección más adecuada. La función del filósofo no es dar recetas de comportamiento o tomar aquellas decisiones que son responsabilidad única del asesorado, sino simplemente ayudarle a interrogarse y a reflexionar sobre los aspectos más profundamente vitales de su existencia, con la libertad de poner en duda la herencia recibida de la tradición y abrir nuevas maneras de pensar o ver la realidad del mundo y de sí mismo. El cuestionamiento permite desvelar o quitar los velos que siempre cubren lo aprendido, para abrir una nueva visión, otra forma distinta de ver las cosas, más acorde con la autenticidad e idiosincrasia del propio ser.

El asesoramiento puede tener lugar a razón de una sesión semanal o quincenal, durante un número indeterminado de sesiones, pues en función de las exigencias de cada caso particular podrá tener una menor o mayor duración, sin que en ningún caso deba prolongarse excesivamente en el tiempo.

Ángel Bonet Cañadell
Consultor filosófico
Doctor en Filosofía